SALUTACIÓN DEL VINO NUEVO 2010

 

HOTEL HACIENDA “LA VEREDA”

28 de Diciembre de 2010

 

 

SALUTADOR

FRANCISCO HIDALGO GARCÍA

COFRADE ASPILLA

 

 

 

Sr. Comendador, hermanos cofrades, miembros de la Orden del Cencerrón, amigos en el vino:

 

En primer lugar me gustaría agradecer:

 

- Al cofrade Prensa, por haberse acordado de mí para realizar este año la salutación al vino nuevo. Sin duda, me eligió porque es conocedor de mi afición y dedicación al vino de Montilla.

 

- Al cofrade Palo Cortado, por haber tenido el atrevimiento de proponerme y apadrinarme para formar parte de esta Ilustre, Entusiasta y Organizada Cofradía.

 

- A nuestro amigo Pablo Quesada, por su ofrecimiento para celebrar este íntimo y entrañable acto de la Cofradía en su “Hacienda”, que tanto está aportando al desarrollo del turismo en Montilla y, con ello, al mejor conocimiento de nuestros vinos.

 

- Por último, a cuantos me han ayudado a preparar el acto, mi agradecimiento muy especial.

 

 

SALUTACIÓN:

 

Cuando hace un año el cofrade Prensa me propuso para ser el próximo salutador, sentí una gran alegría y acepté, evidentemente, por el cariño que te tengo a ti, Vino de Montilla, y a esta Cofradía. Por otra parte, experimenté cierto reparo debido a lo poco que me gusta hablar en público y a mis pocas dotes como orador, más aún después de una salutación de tan altísimo nivel como la del citado cofrade, propia de una persona habituada a escribir y comunicar.

 

Mi amor al vino hizo que al día siguiente empezara a darle vueltas a la cabeza para prepararte este recibimiento, nuevo Vino de Montilla 2010. Qué duda cabe, pensé, que, con el tiempo que llevo trabajando en vinos, algo me saldría para exponerlo aquí hoy. Pues no lo creas, es muy difícil y hasta el final no he conseguido completar esta salutación, hecho que espero sepas perdonarme.

 

Quiero que tengas presente que mi recibimiento es sincero, pues, como bien sabes, siempre he sentido gran cariño hacia tus antecesores. Es por esto que sentía que debía iniciar este saludo conociendo de dónde me venía este sentimiento hacia ti, lo cual me llevó a recordar mi infancia.

 

La época de la vendimia casi siempre la pasaba en El Lagar de San José de mi familia García. Era ésta una fiesta para nosotros, los niños, porque, desde muy temprano, cuando llegaban las personas a trabajar en las moledoras y en aquellas prensas de campana con ese tintineo tan bonito, nos levantábamos y se repartían las tareas para cortar uva, cargar cestos, llevar los mulos o andar por el “piso” haciendo surcos para que se secase cuanto antes. Cuando se había terminado la faena, ducha y a jugar.

 Las noches eran tan esperadas por nosotros como la mañana porque, con los primos mayores, nos íbamos al lagar vecino, el Lagar Salguero, y, con los amigos de las familias Ortiz y Castro, terminábamos el día jugando, cantando y riendo. Cuando la noche era clara, nos íbamos todos juntos a andar por el campo y se apreciaba el olor de la uva cortada, el inicio de la fermentación, el olor de los pámpanos... era un deleite poder disfrutar de tal mezcla de aromas.

 

Fue entonces cuando te conocí, Vino de Montilla, e intenté hacerme amigo tuyo. Mi madre se dio cuenta rápido de mi interés por ti, de manera que se pasaba todo el año diciéndome “si no sacas buenas notas, no vas este año a la vendimia”. ¡Qué lista era!

 

Como había adquirido algún conocimiento de cómo nacías, cómo crecías y cómo te disfrutaban, me dieron la oportunidad a muy temprana edad de seguir cerca de ti, trabajando para intentar que te conociese todo el mundo, cosa que no dudé un instante en aceptar y que hoy sigo haciendo y confío poder hacerlo siempre. Por eso, a los 14 años ya estaba donde quería: en la bodega. Y que mejor bodega que Alvear. Pasé mis primeros años en labores de administración, pero mi mayor disfrute era entrar en la bodega, pasear por las andanas, respirar ese aroma y disfrutar del silencio que en ellas hay.

 

Guardo un grato recuerdo de la oportunidad que me dio el capataz de entonces, D. José Raigón, de acompañarle, llevando la jarra, a venenciar un cachón de botas de la Monumental. En la misma el capataz ponía el vino que previamente había sacado de la bota y había olido con toda solemnidad para dar el visto bueno a su crianza. Alguna copa me dejó oler (que no probar), llegando a sentir una sensación que no hacía más que animarme en mi afición por ti, Vino de Montilla.

 

Como no podía ser de otra manera, en cuanto tuve la formación adecuada me incorporé al departamento comercial. Yo, ¡oh Vino de Montilla!, me sentía orgulloso de llevarte en mi maleta, decirle a la gente cómo eres, explicarle tus bondades. Duro trabajo pero gratificante, porque contigo se puede uno ilusionar y llegar a ilusionar a los demás.

 

Compañero Vino Nuevo de Montilla, naces y vives en una de las mejores zonas vinícolas del mundo. Tu uva Pedro Ximénez, que te da la vida, es capaz de hacer lo que pocas uvas hacen, y me explico:

 

- A ti, hoy que estás en la tinaja reposando de tu ajetreado nacimiento, te destinarán a complacer los paladares más exigentes, bien como estás, joven, fragante, sabroso y fácil de beber, cosa sólo al alcance de unos pocos, o hacerte mayor y acompañar a los que llegaron antes que tú y hoy se desarrollan en botas de roble, alimentándose de esas levaduras que les permiten adquirir unos aromas y un sabor inigualable: el Fino.

 

- El tiempo en esas botas será largo y llegará un momento en que no haya más nutrientes en esas levaduras de que alimentarse y entonces empezarás un nuevo camino: convertirte en el rey de los vinos: el Amontillado. Fíjate hasta dónde eres capaz de llegar. Nunca existirá en el mundo un vino de tanta finura, potencia y aroma, capaz de sustituir a cualquier tipo de bebida, ya que, por ser como es, permite ser apreciado a cualquier hora del día. Realmente es una lástima que, cuando alcanzas este ciclo de vida, pocos consumidores lleguen a conocerte.

 

- No obstante, donde esta uva alcanza todo su esplendor es en la artesana elaboración de los vinos a los que presta su nombre: el Pedro Ximénez, el vino de los dioses. Es difícil encontrar a una persona que diga que no le gusta. Llega a todos los paladares: desde los más humildes hasta los más exquisitos.

 

Pues bien, compañero Vino de Montilla 2010, quiero que transmitas a tus antecesores y a toda tu familia que podéis estar orgullosos de ser “vinos únicos en el mundo”. No existe nada parecido a vosotros, salvo los amigos de Cádiz y algunos de Málaga. Yo sé que esto que te digo lo sabes bien y que nuestra obligación es divulgarlo por todos los rincones del mundo. Yo ya lo hago allí donde voy y no me cansaré de repetirlo en todos los foros en los que me encuentre porque es algo de lo que estoy plenamente convencido.

 

En los últimos años, muchas personas han pedido mi opinión acerca de “esos otros vinos de Montilla”, llámense blancos o últimamente tintos. Siempre digo lo mismo: “blancos, tintos y rosados hay en todo el mundo; competir en ese campo es de titanes y, lo más probable, es que siempre pierdas”. En cambio, cuando la gente sepa que eres tan natural, que tus 15º son sin adición alguna, a ti que el consumidor te ha maltratado diciendo que eres un vino con mucho alcohol, alégrate porque esos vinos “tintos de moda” ya están muy cerca de tu graduación. Piensa que tú transmites a las personas que te toman alegría, optimismo, amistad y cantidad de cosas más, todas siempre buenas. Contigo, la penúltima copa siempre apetece. En cambio, con tus competidores ocurre lo contrario: te dan tristeza, no tienen chispa y la penúltima te cuesta beberla.

 

Ya comenté al principio que mi fuerte no es hablar en público, pero no puedo dejar esta oportunidad que me das, Vino de Montilla, de terminar con algunos recuerdos, en especial para Fernando de Alvear, vinatero de tradición, gran marino y aún mejor persona que, conociendo lo que me gustó desde niño nuestro vino, se preocupó de que tuviese una buena formación para que más tarde todo ese sentimiento lo llevase allá donde fuera. Pasé muchísimas horas hablando, catando y estudiando hasta llegar a conocer bien todo lo que se mueve alrededor de las bodegas. Me explicó la importancia que tuvo en su momento la navegación marítima y los envases de madera para la exportación. Creo que fue en ese instante cuando descubrí cuáles eran mis dos aficiones favoritas: el vino y el mar. Desde entonces estoy inmerso en el mundo del vino y no he dejado de navegar, primero en un balandro de 4,20 metros y ahora en un velero de 11 metros que comparto con otros cinco amigos.

 

Ya que acabo de poner al descubierto mis aficiones, no puedo dejar de confesar una gran mancha en mi “curriculum vinae”. Perdóname, Vino de Montilla, y sé benévolo en tu juicio ya que el nombre del barco es... ¡Gin Tonic! Pero, para limpiar este vergonzoso baldón, me propongo desde hoy el convertir a mis compañeros, herejes en el vino, y hacer que reconozcan tus excepcionales cualidades y virtudes y convencerles, lo antes posible, para rebautizar el Gin Tonic con el nombre de Amontillado.

 

Antes de terminar y disfrutar de tu compañía, cumplo con la obligación de mi nombramiento y propongo como salutador del Vino de Montilla 2011 al cencerrón Andana, Luis Navarro, por los méritos acumulados en su trayectoria en esta Dignísima Orden.

 

Ya sólo me queda darte nuestra más sincera bienvenida a este mundo, que tu paso por él nos dé salud y amistad. Brindo por ello con todos vosotros, cofrades y amigos en el vino.